«Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos… caminos sobre el andar»
Escuché de niño cantando con mis hippies y felices maestros, luchando por enseñar jugando, a un montón de almitas que solo se regían por «n’importe quoi».
Me dije en el alma: «vete a volar por donde solo tu imaginación te pueda encontrar»
Y volé.
Cada vez que apareció un ápice de razón cuestioné si era verdad, y su límite probé.
Luego me perdí el día que el sentido de la vida me encontró, y en medio de aquella tormentosa curiosidad, Kes me miró.
Aquellos profundos ojos tenían una alegre melancolía, solo ahí tal cosa podría existir tan llena de ternura.
Y en el silencio de un suspiro me dijo: «Aquí es aquí, rasca mi panza» y entonces sonreí.

